Almazara
La Almazara Núñez de Prado es una de las más antiguas del Mediterráneo. Situada en una tradicional casa de labranza andaluza, posee un molino clásico de aceite de oliva, en el que hoy día se moltura la aceituna para obtener la Flor de Aceite. Además, de una bodega de tinajas de 1795.
El proceso de elaboración de nuestro aceite comienza en el campo, donde las aceitunas (que no han sido tratadas con fertilizantes ni pesticidas) reciben una rigurosa atención fitosanitaria. A continuación, se recogen aquellos parajes que están un grado de maduración óptimo para su recolección. Una vez que las aceitunas han sido recolectadas, son lavadas para eliminar cualquier tipo de impureza antes de su entrada al molino. Una vez en el molino son depositadas en tolvas que las llevan directamente a ser molturadas.
El proceso de molienda tradicional se lleva a cabo en un molino de piedra, un sistema ancestral que ha sido utilizado durante siglos para la extracción del aceite de oliva. Este molino está compuesto por 4 muelas cónicas de granito que giraban sobre una solera también de piedra, triturando las aceitunas dispuestas en su base. El movimiento de las muelas, impulsado por un mecanismo eléctrico, permite romper la aceituna íntegramente, incluyendo el hueso.
Aplicando la innovadora técnica desarrollada por el marqués de Acapulco a principios del siglo XX, la pasta resultante del proceso de molienda se deposita en el interior de los termo-filtradores, dispositivos diseñados para extraer el aceite de forma natural y sin la aplicación de presión mecánica.
Estos cilindros giran lentamente, permitiendo que el aceite se desprenda gota a gota por efecto de la gravedad, lo que garantiza una extracción delicada y respetuosa con la materia prima. En su interior, una malla metálica de precisión con diminutos orificios actúa como filtro, reteniendo los sólidos y permitiendo únicamente el paso del líquido.
Este meticuloso proceso da lugar a la célebre «Flor de Aceite», un zumo de aceituna de calidad superior que conserva íntegramente las propiedades organolépticas del fruto. Gracias a su obtención sin presión ni alteraciones térmicas, este aceite mantiene un perfil aromático excepcional, así como un sabor y una textura inigualables, destacando por su riqueza en antioxidantes y beneficios para la salud.
Una vez extraída la Flor de Aceite, la pasta resultante de la molienda, que previamente ha pasado por los termo-filtradores, se deposita en los capachos. Tradicionalmente elaborados con esparto, en la actualidad estos discos están fabricados con nailon, lo que mejora su resistencia e higiene en el proceso de extracción. Su función principal es permitir una distribución homogénea de la pasta, optimizando su posterior prensado.
Cada capacho se carga con aproximadamente 11 kg de pasta, formando una estructura apilada que posteriormente se somete a una presión de hasta 400 bares mediante un sistema hidráulico. Esta presión controlada facilita la extracción del aceite remanente de la pasta, asegurando un rendimiento óptimo sin comprometer la calidad del producto.
Si bien este proceso es menos delicado que la obtención de la Flor de Aceite, sigue siendo una fase esencial en la elaboración de aceites de alta calidad, ya que permite maximizar el aprovechamiento de la extracción de un aceite de primera presión en frío.
Una vez tenemos la Flor de Aceite y el aceite de Primera presión en frío hay que separar el agua del aceite. El aceite obtenido es depositado en decantadores recubiertos de azulejo vidriado en los que se va dejar reposar el aceite. Gracias a la gravedad el aceite, al ser menos denso que el agua, asciende lentamente hacia la superficie mientras que el agua y las impurezas más pesadas se depositan en el fondo. Este proceso se lleva a cabo de manera pausada y sin intervención mecánica, preservando íntegramente las propiedades del aceite y evitando la formación de emulsiones indeseadas.
Conforme avanza la decantación, el aceite limpio se extrae cuidadosamente desde la parte superior del depósito mediante un sistema de rebosadero, asegurando que no se mezcle con el agua residual. El agua y los sedimentos más pesados se eliminan a través de las salidas inferiores, garantizando que solo el aceite continúe en el proceso.
A finales del siglo XVIII, las bodegas de tinajas eran fundamentales para el almacenamiento y conservación del aceite de oliva, garantizando su estabilidad y preservación a lo largo del tiempo. Estas bodegas estaba diseñadas para mantener el aceite en condiciones óptimas, aprovechando técnicas tradicionales que regulaban la temperatura y protegían el producto de la oxidación y la contaminación.
Las tinajas empleadas en esta bodega eran de fabricación artesanal y elaboradas con barro cocido. Su interior es recubierto con una capa de cerámica vidriada, lo que las hacía impermeables y evitaba la absorción de aceite en las paredes, asegurando una mejor conservación del aceite. Cada tinaja tiene una capacidad diferente, la medición del volumen de aceite se realiza en arrobas, una unidad tradicional equivalente a 12,56 Kilogramos aproximadamente. Una característica esencial de estas bodegas era la disposición semienterrada de las tinajas. Al encontrarse con la mitad de su estructura bajo tierra, se lograba un control natural de la temperatura, evitando fluctuaciones bruscas que pudieran afectar la calidad del aceite. Este sistema garantizaba un ambiente fresco y estable, protegiendo el aceite de la oxidación y prolongando su vida útil sin necesidad de métodos artificiales de refrigeración.
Esta bodega representa el método más avanzado de conservación del aceite de oliva en su época, combinando el conocimiento artesanal con técnicas naturales para garantizar la máxima calidad del producto.
El envasado de la Flor de Aceite es un proceso único que refleja la tradición que caracterizan a este producto.
La Flor de Aceite se embotella en una sala especialmente destinada a este propósito, un espacio donde cada detalle se cuida con esmero para mantener la esencia artesanal de su elaboración.
Una vez que el aceite es vertido en frascas de 500 ml, cada botella es dispuesta sobre amplias mesas de trabajo, donde se inicia el meticuloso proceso de etiquetado. A diferencia de los métodos industriales automatizados, aquí cada envase recibe sus etiquetas de forma completamente manual. En total, se ponen tres etiquetas, colocadas por manos expertas.
Este método artesanal de envasado es una manera de garantizar que cada botella de Flor de Aceite conserve su esencia genuina. Cada paso del proceso, desde la extracción hasta el etiquetado, respeta los valores heredados de generaciones dedicadas a la elaboración del aceite de oliva virgen extra.